Valeria empezó a asistir de nuevo al taller de dibujo.
Recuperó algunas amistades y volvió a reírse durante las cenas.
No sucedió de un día para otro.
Había noches en las que despertaba asustada. Otras veces se quedaba callada cuando alguien levantaba demasiado la voz.
Buscamos apoyo psicológico para ayudarla a procesar lo sucedido.
También establecimos una rutina para que pudiera llamarme directamente cuando necesitara hablar, sin tener que pedir permiso a nadie.
Poco a poco, la casa volvió a sentirse como un hogar.
En cuanto a Verónica, iniciamos los trámites para separarnos.
Ella intentó convencerme de que todo había sido un malentendido y de que podíamos volver a empezar.
Yo le dije que estaba