—Ella decía que tú estabas cansado de mí.
Le tomé el rostro entre las manos.
—Escúchame, Valeria. Yo puedo cansarme del trabajo, de las carreteras, de los problemas y de las preocupaciones. Pero jamás me cansaré de ser tu padre.
Ella lloró en mis brazos.
Y yo comprendí que mi responsabilidad no consistía únicamente en alejar a Verónica de aquella casa.
Tenía que ayudar a mi hija a recuperar la confianza que le habían arrebatado.
El día que regresé a la carretera
Durante las semanas siguientes, pedí una pausa en mis viajes mientras organizaba la situación familiar.
Mi empresa aceptó asignarme temporalmente rutas más cortas.
No fue fácil. Durante casi veinte años, mi trabajo había dependido de