Valeria permaneció callada.
Después preguntó:
—¿Crees que algún día podré olvidar todo lo que pasó?
Pensé cuidadosamente antes de responder.
—Quizá no olvides cada detalle. Pero puedes aprender a recordar sin sentir que aquello sigue controlando tu vida. Y no tienes que hacerlo sola.
Mi hija apoyó la cabeza en mi hombro.
—Gracias por haber regresado aquella noche.
La abracé.
—Gracias por haber encontrado el valor de contarme la verdad.
Mientras regresábamos al automóvil, comprendí que durante años había creído que ser un buen padre significaba trabajar sin descanso, pagar las facturas y mantener a mi familia alejada de las dificultades.
Pero me había equivocado.
Ser un buen padre también significa escuchar.
Observar.
Hacer preguntas.
Y tener el valor de reconocer cuándo