Alejandro levantó la cabeza.
Yo sentí que el corazón me golpeaba contra las costillas.
Mi madre continuó:
—Hay algo que Patricia y yo juramos no contar mientras nuestros hijos fueran pequeños. Pero si estás viendo este video, ese silencio ya no los protege.
Entonces la pantalla se congeló.
—¿Qué pasó? —pregunté.
Valeria revisó el archivo.—Está dividido en dos partes.
—Abre la segunda.
Lo intentó.
Apareció una ventana solicitando una contraseña.
Alejandro revisó las propiedades del archivo.
Había una pista.
Una sola pregunta:
“¿Qué ocurrió el 14 de septiembre de 1998?”
Alejandro me miró.
Yo tenía cinco años entonces.
Él, seis.
Ninguno recordaba nada.
Pero Mateo tiró suavemente de mi manga.
—Mamá…
—¿Qué pasa?
Señaló una de las fotografías que había caído del sobre amarillo.
La volteé.
En el reverso había una fecha escrita a mano.