14 de septiembre de 1998.
Y debajo, cinco palabras:
“Pregúntenle a Patricia por Guadalajara.”
Alejandro me miró.
Yo lo miré a él.
Entonces comprendimos que el supuesto romance, los millones desaparecidos y las firmas falsas quizá solo eran la capa más reciente de un secreto que nuestras madres habían enterrado casi treinta años atrás.
Y la única persona que podía explicarlo estaba ahora con Roberto.