Presionó reproducir.
Una voz joven habló.
Reconocí inmediatamente a mi madre.
Después de tantos años, escucharla fue como recibir un golpe en el pecho.
“El dinero es de Lucía. Quiero los documentos de vuelta.”
Entonces respondió otra mujer.
Mucho más joven.
Pero inconfundible.
Patricia.
Mi suegra.
“Elena, si haces esto, vas a destruir a nuestras dos familias.”
Mi madre respondió:
“Prefiero destruir una mentira antes que dejar que mi hija viva dentro de ella.”
La grabación terminó.
Yo estaba llorando.
Alejandro también.
Mateo nos miraba sin comprender.
Valeria abrió el último archivo de aquella carpeta.
Era un video.
La imagen mostraba a mi madre sentada frente a una cámara.
Parecía nerviosa.
—Lucía —dijo en la grabación—, si algún día ves esto, necesito que sepas que Alejandro no llegó a tu vida por casualidad.