Miró mi mano y después la puerta de la sala.
Durante años había respondido a mi voz con una confianza inmediata. Yo había conseguido que aquella noche dudara.
Lucía llegó poco después.
No hizo comentarios sobre el desorden. Dejó su bolsa junto a la entrada, miró las fotografías y me ayudó a contactar a una empresa de control de plagas.