La niña de 8 años esperó casi 2 horas bajo la lluvia para devolverle la cartera a un millonario. Cuando él quiso recompensarla, ella dijo algo que lo dejó sin palabras.

–¿Qué pasó?

–Me quitaron turnos hasta que prácticamente no tenía sueldo. Luego dijeron que yo había abandonado el empleo.

Sentí una molestia familiar.

No contra ella.

Contra el nombre de la empresa que acababa de mencionar.

Conocía a ese proveedor.

Demasiado bien.

Abrí la boca.

–¿Para qué edificios trabajaban?

Marisol mencionó 5 direcciones.

La última era la torre de la que yo acababa de salir.

Mi torre.

Los

pisos que yo recorría cada mañana habían sido limpiados durante años por mujeres a quienes alguien estaba quitándoles horas de salario.

Y el contrato que permitía hacerlo llevaba mi firma.

Parte 2: Aquella noche no pude dormir.

A las 2:13 abrí el expediente del proveedor desde mi computadora.

Encontré mi autorización en menos de 5 minutos.

Yo había aprobado aquel contrato 2 años antes.

Había leído el resumen.

No las condiciones operativas.

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