La niña de 8 años esperó casi 2 horas bajo la lluvia para devolverle la cartera a un millonario. Cuando él quiso recompensarla, ella dijo algo que lo dejó sin palabras.

Tenía los dedos rojos por el frío.

–¿Cuánto llevas esperándome?

Bajó la mirada.

–No sé.

El guardia respondió por ella.

–1 hora y 52 minutos.

Me quedé inmóvil.

Hice que entrara conmigo a la cafetería del edificio.

Pidió chocolate caliente, pero esperó hasta que conté el dinero delante de ella.

–No falta nada.

Solo entonces bebió.

Saqué varios billetes.

–Quiero darte esto.

Su respuesta llegó antes de que terminara de extender la mano.

–No.

–No es un pago.

–Entonces tampoco lo necesito.

Guardé el dinero.

Aquella niña de 8 años acababa de rechazar en 3 segundos algo que adultos con trajes de 30,000 pesos habrían encontrado la forma de aceptar.

–¿Cómo te llamas?

–Renata.

–¿Y dónde está tu mamá?

Señaló hacia un edificio pequeño al otro lado de la avenida.

–En una entrevista.

Eran casi las 6.

La entrevista había comenzado a las 3.

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