La niña de 8 años esperó casi 2 horas bajo la lluvia para devolverle la cartera a un millonario. Cuando él quiso recompensarla, ella dijo algo que lo dejó sin palabras.

–¿Qué trae?

–Dice que es suyo.

Metí la mano en el bolsillo interior del saco.

Vacío.

Por primera vez aquella tarde dejé de pensar en la reunión.

Crucé la entrada.

La niña me vio y sacó una cartera de cuero de la bolsa.

Mi cartera.

–¿Usted es Arturo Salcedo?

Asentí.

Ella comparó mi cara con la fotografía de mi licencia antes de entregármela.

–La encontré junto a una banca.

Abrí la cartera.

Tarjetas.

Credenciales.

Llaves de acceso.

Más de 9,000 pesos en efectivo.

Todo estaba ahí.

Incluso una fotografía que llevaba años escondida en uno de los compartimentos.

Mi hija Julia a los 17, riéndose en una playa de Veracruz.

Sentí algo extraño en la garganta.

–¿Por qué no la dejaste con seguridad?

La niña miró hacia las puertas.

–Mi mamá dice que si encuentras algo importante, tienes que devolvérselo a la persona que lo perdió. No a alguien más.

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