Unos días más tarde llegó al pueblo un rico empresario de la capital. Buscaba terrenos para comprar grandes extensiones de tierra y construir un enorme complejo turístico.
Visitó a Manuel en su casa y le ofreció una cantidad de dinero que el agricultor jamás había visto en toda su vida.
El hombre le dijo:
—Quiero comprar toda tu finca. Podrás vivir el resto de tu vida tranquilamente y nunca más tendrás que trabajar.
Manuel miró los documentos y después levantó la vista.
—¿Y qué pasará con los árboles?
El empresario sonrió y respondió:
—Los quitaremos. Construiremos un gran hotel, hermosos jardines y piscinas.
Se hizo un profundo silencio.