### El agricultor que hablaba con los olivos
Un relato de la antigua España: cuando la lealtad valía más que el oro.
En lo alto de las montañas de Andalucía, donde los olivos se extendían hasta perderse en el horizonte y los rayos del sol acariciaban los tejados de las antiguas casas de piedra, existía un pequeño pueblo llamado Santa Lucía.
Era un pueblo tranquilo, cuyos habitantes vivían del cultivo de la tierra, la cría de ovejas y la producción de aceite de oliva. Todos se conocían entre sí, hasta el punto de que las puertas de las casas permanecían abiertas y nadie desconfiaba de sus vecinos.
En aquel pueblo vivía un anciano llamado Manuel García, que tenía setenta años.
Manuel no era rico, no poseía palacios ni caballos elegantes, pero tenía una antigua finca que había heredado de su padre. En ella crecían cientos de olivos, algunos de los cuales tenían más de doscientos años.