Durante la sesión, el equipo legal de Crane me describió como un veterano inestable y desesperado ante la jueza Ramona Ellis, quien escuchaba cada palabra con total serenidad. Sin embargo, cuando la acusación parecía acorralarme, una voz se alzó desde la segunda fila de la sala interrumpiendo el procedimiento: era Celeste Crane, acompañada por el pequeño Austin, dispuesta a cambiar el rumbo de los hechos.
“Señoría, tengo algo que el tribunal debe ver. Algo que mi esposo me ordenó que jamás le mostrara a nadie.”
El giro inesperado que acorraló a Graham Crane
A pesar de las órdenes enfurecidas de su esposo para que guardara silencio y las objeciones de los abogados, Celeste se mantuvo en pie sosteniendo un grueso sobre de papel manila. La jueza Ellis desestimó la queja de la defensa, se quitó las gafas y ordenó a la mujer que entregara el sobre a través del alguacil de la sala.
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