y los cristales rotos hacían que cada pisada retumbara bien feo. Subimos hasta la oficina de administración en el segundo piso, donde los casilleros de metal estaban todos oxidados.
Buscamos el número 42. Metí la llave, le di la vuelta con fuerza hasta que tronó el cerrojo… y la puerta cedió.
Adentro no había dinero ni documentos de la empresa.
Había una pequeña grabadora de cinta antigua y una libreta azul escrita a mano por Evelyn.
Le picamos al PLAY. La voz que salió de esa bocina nos puso la
piel de gallina a los dos:
“Claire, si estás escuchando esto, significa que el secreto ya no pudo mantenerse escondido. Tu madre Laura no murió por un accidente en el barranco. Ella intentó escapar de Samuel con un disco duro que contenía todas las fórmulas ilegales. Cuando el carro se fue al vacío, Richard y yo llegamos primero. Laura ya había fallecido, pero antes de respirar por última vez, me hizo jurarle que te criaría como mi propia hija para que nunca cayeras en las manos de la red de