PARTE 2: Regresé a casa antes de tiempo y descubrí cómo mi esposa trataba a mi hija… Lo que hice después cambió nuestras vidas para siempre —¿Te dijeron que lavaras toda la ropa antes de que regresaran? —pregunté, intentando mantener la calma. Valeria asintió sin mirarme. —Sí, papá. Me acerqué a la tina. Había varias prendas amontonadas, algunas cubiertas de manchas que difícilmente desaparecerían con agua fría. A un lado encontré una botella de detergente casi vacía y un cepillo de cerdas duras. Miré la lavadora. Estaba apagada. —¿Por qué no usas la máquina? Mi hija bajó la cabeza. —Verónica dijo que gastaba demasiada electricidad. También dijo que, si la ropa no quedaba limpia, tendría que volver a empezar. Sentí una presión en el pecho. —¿Y llevas mucho tiempo aquí? —Desde después de cenar. Miré el reloj otra vez. Eran las once y diez. Mi hija llevaba horas arrodillada sobre
Era un mensaje de voz enviado a un grupo familiar.
No tenía intención de espiar sus conversaciones. Pensé que quizá se trataba de alguna información relacionada con el viaje y que podría
necesitarla para organizar el regreso de mi esposa.
Pero cuando pulsé la pantalla, comenzó a reproducirse una nota de voz.
Primero escuché la risa de Verónica.
Después, la voz de su hermana.
—¿Y la muchacha? ¿Ya aprendió a hacer las cosas como debe?
Verónica respondió con una tranquilidad que me heló la sangre.
—Tiene que aprender. No voy a pasarme la vida sirviendo a una adolescente que ni siquiera es mía.
Su hermana se rio.
—Pero Rafael la adora.
—Rafael no sabe nada. Cuando él está en casa, yo soy la madrastra perfecta. La llevo a la escuela, le pregunto cómo está y hasta le preparo su comida favorita si hace falta.