La abracé.
—Vamos a revisar todo eso.
Por primera vez en mucho tiempo, vi aparecer una pequeña sonrisa en su rostro.
Pero todavía no había terminado.
A las diez de la mañana, recibí una llamada de la escuela.
La orientadora quería hablar conmigo sobre la situación emocional de
Valeria.
Me explicó que, durante los últimos meses, mi hija había llegado varias veces sin desayunar, había faltado a algunas actividades y parecía estar muy preocupada por lo que ocurría en casa.
La escuela había intentado comunicarse con Verónica en más de una ocasión.
Ella había respondido que Valeria atravesaba una etapa difícil y que yo estaba informado de todo.
No era cierto.
Colgué el teléfono y permanecí sentado durante un largo rato.
Mi hija había estado pidiendo ayuda sin utilizar palabras.
Y yo no la había escuchado.