—Entonces ¿quién dejó el sobre?
—Eso es lo que me preocupa —dijo Alejandro—. Solo cuatro personas sabían que ustedes estaban en ese avión.
—Yo no te dije nada.
—Exactamente.
Se hizo un silencio.
Entonces Mateo habló.
—Yo sí.
Los tres lo miramos.
—¿Qué?
Mateo bajó la cabeza.
—Le mandé una foto a la abuela.
Sacó su pequeño reloj inteligente.
Mi suegra, Patricia, se lo había regalado por su cumpleaños.
Mateo abrió la conversación.
Había enviado una foto desde nuestros asientos antes del despegue.
“Vamos escondidos en el avión de papá. No le digas.”
Patricia había respondido:
“Qué bonita sorpresa. No te preocupes, será nuestro secreto.”
Alejandro tomó el reloj.
Su cara cambió.
—Mamá sabía que estaban aquí.
Valeria se puso pálida.
—Alejandro…
—¿Qué?
—El asiento 18A estaba reservado originalmente a nombre de Patricia Ramírez.