los medios para ofrecerles algunas a mis…
…propios hijos.
Y durante todo ese tiempo, mientras yo me dejaba la piel y arruinaba mi salud, él les enviaba postales desde exóticos centros turísticos. Les susurraba palabras venenosas y melosas, sembrando en sus almas jóvenes y frágiles las semillas de la duda y el distanciamiento. Compraba su amor con el dinero robado al futuro de nuestra familia, inculcándoles la idea de que su madre era una mujer seca, eternamente cansada, eternamente irritable, que los cuidaba solo por sentido del deber y como una carga.
Por eso se habían alejado. Por eso, a medida que crecían, sus miradas se volvían más frías y sus llamadas se reducían a meros trámites. No solo estaban construyendo sus vidas; huían del fantasma de una falta de amor que su padre se había encargado de inventar de principio a fin.