Volví sin avisar a Valencia y escuché a mi padre pedir permiso para sentarse en la mesa que él mismo construyó. Mis padres cenaban en el cuarto de herramientas mientras Nuria brindaba en su salón. Ella dijo: “Mejor comed en vuestro cuarto para no molestar”. No discutí, bloqueé las cuentas y llamé a mi abogado, hasta que vi lo que mi padre escondía bajo la tabla.

Javier, lleno de resentimiento hacia su hermano exitoso y de vergüenza por depender de sus padres, aceptó.

Luego aceptó cambiar habitaciones.

Aceptó guardar las tarjetas.

Familia

Aceptó decir a los vecinos que Manuel estaba despistado.

Aceptó firmar papeles.

Cada paso parecía pequeño.

Hasta que un día sus padres ya necesitaban permiso para usar su propio comedor.

—¿Robaste dinero? —preguntó Nicolás.

Javier tardó en responder.

—Sí.

La palabra quedó suspendida en el taller.

—Parte fue para mis deudas. Después Nuria empezó a transferir más. Decía que era para protegernos.

Herramientas carpintería

—¿Y tú qué protegías?

Javier no tuvo respuesta.

Nicolás sacó del bolsillo una copia del recibo de venta del terreno de Sagunto y la dejó sobre la mesa.

—Papá vendió esto para salvarte. Y tú convertiste su ayuda en una excusa para seguir tomando.

Javier empezó a llorar, pero Nicolás no lo abrazó.

Por primera vez en su vida, nadie iba a rescatarlo de las consecuencias.

—Mañana hablarás delante de ellos.

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—Nuria me hundirá.

—Eso ya no es problema de papá ni de mamá.

La cena comenzó a las 20:30.

Carmen había preparado una tortilla de patatas y una ensalada como si quisiera aferrarse a una normalidad que ya no existía. Manuel se sentó junto a ella. Javier ocupó una esquina. Nuria dejó la carpeta frente a Nicolás.

Adrián llegó con varias copias de documentos. Pilar, la vecina, también fue invitada. Nuria protestó.

—Creía que esto era familiar.

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Nicolás la miró.

—Cuando alguien lleva meses hablando de la salud de mis padres delante de terceros, los testigos dejan de ser extraños.

Nuria no respondió.

Durante varios minutos nadie tocó la carpeta.

Finalmente ella la abrió.

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—¿Firmamos?

Nicolás sacó los extractos bancarios.

—Primero quiero entender esto.

Colocó sobre la mesa los ingresos de 3.000 euros mensuales.

Después, las salidas.

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600 euros quedaban para Manuel y Carmen.

El resto iba a deudas, compras privadas y a una asesoría relacionada con Nuria.

—Javier gestionaba las cuentas —dijo ella.

Adrián intervino.

—Entonces no tendrá problema en explicar por qué una parte termina en una sociedad donde usted figura como administradora.

Nuria cambió de tono.

—Yo he cuidado de estas personas durante años.

Manuel alzó la cabeza.

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