Nicolás estuvo a punto de entrar y echarlos de la casa.
No lo hizo.
Porque justo entonces Manuel levantó una tabla suelta bajo una de las camas, comprobó que algo seguía escondido allí y volvió a cubrirla con la alfombra.
Nicolás entendió que su padre no solo estaba soportando una humillación.
Estaba escondiendo una prueba.
PARTE 2
A la mañana siguiente, Nicolás tocó el timbre fingiendo una visita sorpresa. Nuria palideció, pero en menos de 1 minuto transformó la casa: llamó “mamá” a Carmen, sirvió café a Manuel y aseguró que los 2 ancianos preferían dormir al fondo porque era “más tranquilo”.
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Nicolás sonrió y fingió creerla.
Cuando pasó junto a su madre, Carmen deslizó un papel en su bolsillo.
“No preguntes delante de ellos.”
Horas después se encontraron en una cafetería. Nicolás abrió la aplicación bancaria: llevaba años enviando 3.000 euros mensuales. Carmen aseguró que solo recibían 600.
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Las tarjetas estaban en poder de Nuria.
Los extractos mostraban transferencias a una asesoría vinculada a ella y pagos de deudas de Javier.
Pero el abogado de Nicolás encontró algo peor: informes médicos, declaraciones sobre supuestos olvidos y documentos destinados a presentar a Manuel y Carmen como incapaces de administrar su patrimonio.
Carmen rompió a llorar.
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—Callamos porque Javier es tu hermano.
Esa tarde, Nicolás llevó a Manuel al antiguo taller. Allí su padre confesó que 4 años antes había vendido un terreno heredado para pagar una deuda de Javier.
Luego añadió que Nuria le había hecho firmar varios papeles mientras estaba enfermo.
Antes de regresar a casa, Manuel abrió un cajón, sacó una pequeña llave oxidada y dijo:
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—Lo peor no es lo que firmé. Es lo que apareció después con mi firma.
PARTE 3
Nicolás esperó hasta que Javier y Nuria salieran a comer el domingo siguiente. Carmen se quedó junto a la ventana del pasillo, vigilando la calle, mientras Manuel cerraba la puerta de la antigua habitación de herramientas.
El anciano se arrodilló con dificultad, retiró la alfombra y levantó la tabla que Nicolás había visto mover la primera noche.
Debajo había una caja metálica azul, abollada en las esquinas.
La llave oxidada encajó.
Dentro no había dinero.