Una mujer de 75 años convivía con una pitón enorme hasta que la reacción de su hija veterinaria le abrió los ojos

Primero, Margaret notó que Sunny se movía mucho menos y había rechazado su comida habitual en varias ocasiones. La mujer no le dio demasiada importancia, pues sabía que las serpientes pueden pasar largos períodos sin alimentarse.

Sin embargo, poco después ocurrió algo aún más extraño. Una noche, Margaret se despertó al sentir un peso presionando sus piernas. Al encender la lámpara, descubrió que Sunny había escapado del terrario y se encontraba tendida sobre la cama, junto a ella, casi extendiendo todo su cuerpo.

La anciana sonrió con ternura y volvió a dormirse. A partir de esa noche, la pitón repitió el gesto cada vez con más frecuencia. Primero solo se acostaba a su lado. Luego empezó a acercarse más. Y con el tiempo, comenzó a enroscarse lentamente alrededor de su cuerpo, cubriendo sus piernas, su abdomen e incluso acercándose al pecho.
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