Yo dormía plácidamente contra su hombro, con una manita agarrando su camisa.
—¿Me veo feliz? —pregunté.
—Lo estabas.
—¿Cómo lo sabes?
—Porque él lo estaba.
Estudié la fotografía durante un buen rato antes de colocarla junto a su carta.
—Creo que recuerdo algo —dije.
Mamá esperó pacientemente.
—No con claridad. Pero recuerdo que me decía que ser amable nunca era en vano.
Sus ojos se llenaron de lágrimas.
—Lo decía a menudo.
—Quizá por eso me detuve por Eleanor.
—Quizá.
Me apoyé contra su hombro.
—¿Crees que estaría orgulloso?
Mamá me