María le devolvió el abrazo de inmediato.
Para todos los que lo veían, el significado parecía imposible de pasar por alto.
Algo había sido recordado.
Quizás la voz.
Quizás la cara.
Quizás el olor.
Quizás se trate de una asociación que se formó hace mucho tiempo, cuando un bebé asustado se aferró a alguien que le hizo sentir seguro.
Nadie podía saber con exactitud qué recuerdos permanecían en su interior.
Pero su reacción no parecía la de un desconocido.
El mismo abrazo, con casi tres décadas de diferencia.
Ese fue el detalle que más afectó a María.
Veintiocho años antes, el pequeño gorila se había enroscado a su alrededor porque estaba asustado.
Ahora era enorme.
Poderoso.
Completamente diferente del pequeño animal que una vez había llevado consigo.
Sin embargo, cuando se volvieron a encontrar, utilizó el mismo gesto.