Un anciano de 101 años enfrentaba la cárcel por robar en una tienda: cuando su vecina se levantó en la sala, todos conocieron la verdad

Durante meses, los empleados de una tienda de barrio habían tratado con ternura a Anselmo Cortés. A sus 101 años apenas se movía sin su bastón, y cada vez que alguien lo veía salir con algo sin pagar, él se disculpaba en voz baja y bajaba la mirada, avergonzado. Al principio solo le advertían. Pero los incidentes se repitieron hasta que lo faltante superó los 2.000 dólares y la tienda decidió denunciarlo.

Esa mañana Anselmo estaba de pie ante el juez, aferrado a su bastón.
Un acusado sin excusas

—He revisado las grabaciones —dijo el juez, esparciendo fotografías sobre su escritorio—: ropa de niños, comida enlatada, cuadernos escolares, artículos del hogar. ¿Por qué necesitaba precisamente estas cosas?

—Me las llevé sin pagar, señoría. Sé que estuvo mal. No tengo excusa.

—Podría ir a prisión.

—Lo sé. Tengo 101 años. He vivido lo suficiente para saber que romper la ley tiene consecuencias. Aceptaré lo que usted decida.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *