No lo negó.
No pudo.
El error de cálculo
“Calculaste mal algo importante”, dijo ella.
—¿Qué? —preguntó.
“Diste por sentado que no entendía cómo funciona esto.”
Reveló el documento final, el más crucial.
Aunque figuraba como propietario oficial a efectos fiscales, el capital inicial procedía de su cuenta personal.
Rastreable legalmente. Completamente documentado.
“Si separamos y liquidamos los activos”, explicó, “recupero mi inversión con intereses. Y la mitad de la empresa”.
El color desapareció de su rostro.
—Eso me arruinaría económicamente —susurró.
—No —respondió ella en voz baja—. Eso es igualdad. La clase de igualdad que usted propuso.
Por primera vez en diez años, fue él quien sintió que le temblaban las manos.
“Podemos solucionar esta situación”, dijo desesperado. “Podemos encontrar una solución”.
—Podemos —aceptó ella—. Pero ya no en tus condiciones.
Un nuevo acuerdo
Dos semanas después, firmaron un nuevo acuerdo.