Una tarde, al mirar las macetas que Arturo había construido para mí, comprendí que la bofetada no fue el momento en que perdí a mi hijo.
Fue el momento en que dejé de perderme a mí misma.
Y mientras el sol entraba por las
Una tarde, al mirar las macetas que Arturo había construido para mí, comprendí que la bofetada no fue el momento en que perdí a mi hijo.
Fue el momento en que dejé de perderme a mí misma.
Y mientras el sol entraba por las