Entonces me miró y dijo algo que me heló la sangre.
—Sarah, esta bebé no es simplemente tu hermanita. Su nacimiento está relacionado con un secreto que te he ocultado durante 34
años.
En ese preciso instante, la puerta de la habitación se abrió.
Entró un hombre de unos sesenta años.
En cuanto mi madre lo vio, abrazó a la bebé con más fuerza y susurró:
—Prometiste que nunca vendrías aquí…
El hombre respondió:
—Margaret, ya no podemos seguir ocultando la verdad. Sarah tiene que saber cómo nació realmente esta niña.
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Me quedé inmóvil en la puerta de la habitación, incapaz de comprender lo que estaba sucediendo.
El desconocido miraba a mi madre como si se conocieran desde hacía décadas.
—¿Quién es usted? —pregunté.
Dudó un instante.
—Me llamo Daniel. Soy médico y conozco a tu madre desde hace más de treinta años.