Marcos y Elena siguen teniendo desacuerdos. Sin embargo, sus comunicaciones se limitan cada vez más a horarios, citas y necesidades concretas de Lucía, evitando trasladarle sus reproches. En esta etapa, Marcos entiende que la confianza de Lucía se reconstruye con actos coherentes y no con promesas espectaculares.
Una noche, Lucía derrama un vaso de agua durante la cena y se queda completamente quieta. Marcos coge una bayeta y le pide que
le ayude. Minutos después, ella vuelve a contarle algo del recreo. En esta etapa, Marcos entiende que la confianzade Lucía se reconstruye con actos coherentes y no con promesas espectaculares.
Ese instante cotidiano significa mucho para Marcos. La seguridad empieza a construirse con respuestas previsibles: un error no se convierte en amenaza, una pregunta no se convierte en interrogatorio y un sentimiento no se convierte en culpa. En esta etapa, Marcos entiende que la confianza de Lucía se reconstruye con actos coherentes y no con promesas espectaculares.