Dentro había una sola llave.
Latón viejo.
Y un trozo de papel doblado.
La letra era desconocida.
Pero el mensaje era claro.
“Tu marido no eligió a Melanie por casualidad. Todo empezó en Laurel House. Pregúntale a Miriam qué sabía tu padre.”
Lo leí una vez.
Pero otra vez.
Mi padre.
La habitación se balanceó.
¿Mi padre conocía Laurel House?
Mi padre, que había acogido a Lucas en nuestra familia.
Mi padre, que había confiado en él.
Mi padre, cuyos documentos testamentarios Lucas había robado.
Le di la vuelta al papel.
En el reverso figuraba una dirección en Palm Springs.
No es un condominio de lujo.
Una dirección diferente.
Y debajo, una última línea:
“Melanie está ahí, pero no está sola.”
Parte 3
El papel que tenía en la mano pesaba más que la llave de latón que descansaba a su lado.