Esa protección puede parecer frialdad desde afuera, pero en realidad es una herida que aún no ha terminado de sanar.
Y aquí aparece una tensión interna:
La necesidad de conexión.
La necesidad de protección.
A veces gana la protección.
Y la soledad se convierte en un refugio.
Pero para construir amistades reales, eventualmente habrá que volver a abrirse… esta vez con límites y sabiduría.