A las tres horas, levantó la cabeza.
A las cuatro horas, recogió las patas delanteras debajo de su cuerpo e intentó ponerse de pie.
Pero volvió a caer.
Sus músculos habían quedado profundamente afectados por el frío. Sus articulaciones estaban rígidas y sus patas no conseguían encontrar apoyo.
Pero había intentado levantarse.
La técnica veterinaria que la había vigilado durante aquellas cuatro horas llevaba once años trabajando en la clínica. Más tarde contó que fue precisamente