Esta foto… es cruda, honesta y un poco aterradora, lo sé. Así es como me veo ahora, por fuera, después de tanta lucha. Un poco hinchada, con marcas moradas que cuentan historias de tratamientos intensos, y este cansancio que parece haberse convertido en mi compañero. ¿Y este pulgar hacia arriba?

que era antes. Aquella que reía con facilidad, que hacía planes sin miedo, que no pensaba en hospitales, agujas ni cirugías. Esa persona se siente tan lejana ahora. A veces, me pregunto si volveré a ser esa persona alguna vez.

Y sin embargo… sigo aquí.

Ese pulgar hacia arriba que ven en la foto… se ve fuerte, ¿verdad? Como si dijera: “Estoy bien. Puedo con esto”. Pero la verdad es otra. Este pulgar hacia arriba es algo que les doy a los demás más que a mí misma. Es para mi familia, para que no se preocupen demasiado. Es para mis amigos, para que no vean lo asustada que estoy en realidad. Es mi pequeña manera de protegerlos, incluso cuando siento que yo también necesito protección.

Por dentro, tengo miedo.

No solo un poco de miedo, sino un miedo profundo y silencioso. Ese tipo de miedo que se instala en

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *