—¿Sabías que Octavio la había operado? —pregunté.
—Sí. Me dijo que era una apendicitis complicada, pero que él mismo se ocuparía. Yo estaba cuidando a mi madre cuando empezó todo. Al regresar, Alma tenía fiebre. Cada vez que pedía otro especialista, él decía que lo estaba insultando.
—¿Y cuando desapareció?
—Me mandó un mensaje diciendo que la trasladarían de madrugada. Horas después escribió que había muerto. Le pedí el hospital de destino, el certificado, cualquier cosa. Solo respondió que él arreglaría los trámites.
Me mostró los mensajes en su teléfono. No eran suficientes para conocer toda la historia, pero sí para fijar una secuencia. Le pedí que los entregara a la fiscalía sin borrar nada.