esposo la había escrito poco antes de morir.
En ella explicaba que había transferido varias propiedades y cuentas de inversión a un fideicomiso protegido. Richard solo podría heredarlas después de la muerte de Eleanor, y nadie podía venderlas sin su consentimiento personal.
Al parecer, su marido había sospechado que algún día su hijo podría actuar de manera irresponsable.
Eleanor comprendió que Richard no solo intentaba controlar su dinero.
Necesitaba hacerla pasar por una persona mentalmente incapacitada para poder apoderarse de todo el patrimonio familiar.
—Intenté escapar —les contó Eleanor a los policías, con la voz temblorosa—. Pero me vigilaban constantemente. Vanessa controlaba mis medicamentos y Richard me quitó el teléfono. Tenía miedo de que nadie me creyera.
Una noche, Richard le anunció que la llevaría a una consulta con un especialista fuera de la ciudad.