En la boda de su único hijo, la novia empujó a Catalina al barro frente a doscientos invitados; mientras su vestido color champaña se hundía en la tierra mojada, Tomás abrazó a la agresora y ella se rió. Ramón, el padre que había pagado en silencio la felicidad de ambos, tomó el micrófono antes del pastel… pero nadie imaginó qué llamada convertiría aquella celebración en el principio de una ruina…