mientras los demás suponían que no podía comprenderlos.
A un desconocido que se negoció a abandonar a doscientas diecisiete personas cuyos nombres apenas conocía.
Un hombre que podría haber elegido escapar, pero que eligió asumir su responsabilidad.
Y a un padre que enseñó a sus hijos que la libertad merecía ser protegida, pero que la venganza, por sí sola, jamás podía darle sentido a una vida.
Porque la mayor victoria no fue lo que Elijah destruyó.
Fue lo que los supervivientes construyeron.
Hogares
Escuelas
Familias
Comunidades
Futuros que hombres como Blackwood habían intentado hacer imposibles.
Y en algún lugar, en la oscuridad imaginada de aquel pantano de Luisiana, permanece la imagen final.
Doce cazadores armados adentrándose entre los árboles, riéndose del gigante al que habían dejado escapar.
Creían que perseguían a un hombre indefenso.
Jamás comprendió que había pasado seis meses estudiándolos.