“Lo que alivia por un momento no borra lo que se ha ido acumulando durante meses.” — Principio de prevención de la salud bucal
Posibles causas
Si los clavos de olor no son la solución, ¿cuáles son las verdaderas causas de la placa, el sarro y el sangrado?
Higiene bucal insuficiente: cepillado irregular, técnica inadecuada, descuido de los espacios interdentales.
Una dieta rica en azúcares y almidones: las bacterias se alimentan de
estos sustratos y producen ácidos que atacan el esmalte y promueven la formación de biopelículas.
Saliva demasiado espesa o flujo salival bajo: la falta de saliva (xerostomía) limita la autolimpieza de la boca.
Tabaquismo: el tabaco altera el equilibrio bacteriano, reduce la oxigenación y empeora la inflamación.
Factores hormonales: el embarazo, la menopausia o los trastornos endocrinos pueden sensibilizar las encías.
Enfermedades sistémicas como la diabetes, la leucemia, el VIH o las deficiencias nutricionales (vitamina C, hierro) comprometen la resistencia de los tejidos periodontales.
Medicamentos: algunos antihipertensivos, antiepilépticos o inmunosupresores pueden promover la hiperplasia gingival o la sequedad bucal.
Estas causas suelen estar interrelacionadas. La placa y el sarro son consecuencias, no inevitables. Su manejo requiere una evaluación profesional y medidas personalizadas.