si tu padre había hecho aquello antes. Le dije que no lo sabía. Pero unos días después descubrí que Ray había estado intentando conseguir que firmaras unos documentos.
—¿Qué documentos?
Diane tardó unos segundos en responder.
—No lo recuerdo exactamente. Eran papeles relacionados con una cuenta que tu madre había dejado para ti.
Sentí que el corazón me golpeaba el pecho.
Mi madre.
Hacía años que no escuchaba hablar de ella en esos términos.
—¿Qué cuenta?
—Tu madre dejó un seguro de vida y unos ahorros. Antes de morir, había establecido que el dinero debía utilizarse para tu educación y tu futuro. Yo sabía que existían esos fondos, pero tu padre se encargaba de administrarlos.
Me levanté de la silla.
—¿Y qué pasó con ese dinero?
—No lo sé, cariño. Ray nunca me permitió revisar los documentos.