No sabía si Ray estaría allí.
Tampoco sabía si tendría el valor de mirarlo a los ojos después de todo lo que había descubierto.
Pero tenía una certeza: no volvería a permitir que decidiera quién era yo.
Megan me esperaba junto a la entrada.
Cuando me vio, sonrió y me abrazó con fuerza.
—Pensé que quizá no vendrías.
—Te prometí que estaría aquí.
—Papá está dentro. Ha estado preguntando por ti toda la mañana.
—¿Sabe que traje los documentos?
Megan asintió.
—Y está furioso.
No me sorprendió.
La ceremonia