“Abuela, por favor no me hagas volver…” Mi nieto de 7 años lloraba después de llegar solo a mi puerta con casi 40 grados de fiebre. Su padre estaba con otra mujer y su madre también había desaparecido esa noche. Yo no los enfrenté de inmediato: cambié la cerradura, llamé a una abogada y puse sobre la mesa los estados de cuenta… porque faltaban más de 200,000 pesos del dinero del niño.

PARTE 1

—Abuela, ayúdame… tengo mucho frío.

A las dos de la madrugada, en plena tormenta, abrí la puerta de mi casa en Coyoacán y encontré a mi nieto Mateo, de siete años, parado bajo la lluvia con la pijama pegada al cuerpo. Estaba descalzo, temblaba y tenía la cara encendida por la fiebre.

—¿Mateo? ¡Dios mío! ¿Dónde están tus papás?

Lo cargué como pude. Cuando puse mi mano sobre su frente, sentí que ardía.

—Mamá dijo que papá estaba contigo… y papá dijo que mamá estaba contigo. Pensé que los dos estaban aquí.

Sentí un vacío en el estómago.

Mi hijo Alejandro y su esposa Daniela vivían a casi veinte minutos caminando. Aquel niño había recorrido solo varias calles oscuras, con casi cuarenta grados de fiebre, porque creyó que sus padres estaban en mi casa.

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