—¿Papá os ha hablado de mí?
Volví a echarme a llorar.
—Decía que el dragón habla con la voz
del abuelo —añadió el niño.
Miré la portada del libro. Frank se lo había regalado a sus nietos por Navidad y siempre insistía en que nadie sabía imitar al dragón tan bien como él.
El mayor se subió a la cama a mi lado.
—No tienes que leer si no quieres.
—No —respondí, haciendo sitio también para su hermano—. En realidad, quiero mucho.
A las pocas páginas, los niños empezaron a corregir mi voz de dragón. Antes de llegar al final, uno de ellos se había quedado dormido acurrucado contra mí.
Dean vino a llevarlo a la cama y se detuvo al ver el libro abierto.
—Papá siempre se lo leía —dijo en voz baja—. Decía que lo hacías todo mal y que leías el final demasiado rápido.