Tras el nacimiento de su hija Emma, Mindy se encargaba sola de las tareas domésticas y del cuidado de la bebé, mientras organizaba sus propios ahorros para pagar la factura hospitalaria pendiente de 2.400 dólares en cuotas mensuales de 200 dólares. Para echarle una mano, su madre Ursula, de 73 años, se mudó con ellos durante un mes, se ocupó de las tareas del hogar, preparó las comidas y ayudó a cuidar de la recién nacida. Sin embargo, el día de la partida de Ursula, Max, el marido de Mindy, le entregó a la anciana una factura por escrito de 1.000 dólares por el uso de la habitación de invitados y los gastos de suministros. Ante aquello, Ursula comenzó a contar el dinero en efectivo, visiblemente incómoda.
Mindy intervino de inmediato y sacó tanto la factura hospitalaria pendiente como un cuaderno en el que había calculado el