El Peso de la Sangre: El Secreto que mi Hermano Guardó Tras las Rejas
El golpe no vino de la calle, sino de dentro de mi propia sangre. Mi socio, un hombre en quien yo confiaba ciegamente, resultó ser el primo de mi hermano Tomás. Entre los dos, desviaron los fondos de la empresa, dejándome con deudas impagables, los camiones embargados y la quiebra total.
En cuestión de semanas, pasó de ser un empresario respetado a no tener ni para comprar el pan de mis hijos. El banco nos notificó que perderíamos nuestra casa.
La noche en que le di la noticia a Sofía, el mundo se nos cayó encima. Ella lloró de rabia y de miedo, y en un momento de desesperación, me gritó algo que me destrozó el alma: —¡Esto es por traer a ese criminal a nuestra casa! ¡Nos trajo la mala racha, Diego! ¡Tu hermano nos hundió!